Qué hace que una imagen pese tanto
Antes de comprimir una imagen conviene saber de dónde sale su peso. Depende de dos cosas. La primera es su número de píxeles, es decir, sus dimensiones. La segunda es el nivel de compresión con el que se guardó. Una foto del iPhone tiene millones de píxeles, muchos más de los que caben en la pantalla de un portátil o en el cuerpo de un correo.
Redimensionar y comprimir, dos ajustes distintos
Reducir las dimensiones se llama redimensionar. La imagen pasa, por ejemplo, de 4032 a 1920 píxeles de ancho y se sigue viendo bien en una pantalla normal. Bajar la calidad JPEG se llama comprimir. El programa descarta detalles que el ojo apenas percibe y el archivo ocupa menos.
Casi siempre te interesan los dos, y en ese orden. Quitar píxeles es lo que más aligera una foto. Una calidad media remata el trabajo sin que se note. Si solo bajas la calidad de una foto enorme, tendrás que llevarla muy abajo para ganar peso, y entonces sí se verán los defectos.
Compresión con pérdida y sin pérdida
JPEG, HEIC y WebP comprimen con pérdida. Descartan información para ocupar poco, y por eso son los formatos de las fotos. El HEIC del iPhone, por ejemplo, ocupa más o menos la mitad que un JPEG de calidad parecida.
PNG comprime sin pérdida y guarda cada píxel tal cual. Es el formato adecuado para capturas de pantalla, logotipos y cualquier imagen con transparencia, porque mantiene nítidos los bordes del texto y las zonas de color liso. Con una foto, en cambio, un PNG pesa mucho más que un JPEG de aspecto idéntico.
Un ejemplo en píxeles
Una foto de 12 megapíxeles mide 4032 × 3024 píxeles. Si la reduces a 1920 píxeles en su lado largo, queda en 1920 × 1440, unos 2,8 megapíxeles. El lado largo es 2,1 veces más corto, y como la reducción afecta a la anchura y a la altura, la foto tiene unas 4 veces menos píxeles que el original. Aun así sigue llenando el ancho de una pantalla Full HD. El peso final del archivo depende de la foto y de la calidad que elijas, así que tómalo como un ejemplo de cálculo. Lo que no cambia es la proporción de píxeles que te quitas de encima.
No guardes el mismo JPEG una y otra vez
Cada vez que abres un JPEG, lo modificas y lo vuelves a guardar, se comprime de nuevo y pierde un poco más de calidad. Si guardas el mismo JPEG 10 veces seguidas, las pérdidas se suman y empiezan a verse bloques y manchas alrededor de los bordes. Por eso conviene comprimir siempre desde el original y guardar el resultado como copia. Si la copia te ha quedado demasiado pesada, vuelve a la foto original con un ajuste más bajo en lugar de comprimir la copia otra vez.